miércoles, 7 de abril de 2010

Sacerdote del Señor

En este Año Sacerdotal, los que por misericordia de Dios hemos sido elegidos para este ministerio tenemos constantemente motivos para meditar sobre la grandeza y santidad de nuestra misión. Quisiera compartir una pequeña reflexión que me parece haber oído alguna vez, que hasta ahora me parece evidente, pero que, como ocurre no pocas ocasiones, uno ve con nuevas luces y como con mucha viveza. Eso es lo que me ha ocurrido y lo que quiero escribir, aunque sea un poco a vuelapluma.

Hablamos de la predestinación de la Inmaculada, de su elección para ser Madre del Señor, y de cómo en el “momento” de la decisión intratrinitaria de la Encarnación del Verbo, se determinó quién sería la Elegida para dar carne y sangre al Hijo de Dios. Por eso, la piedad y el sentido común nos hace ver cómo el Señor, que pudo hacerlo, se “diseñó” y “fabricó” a su Madre con infinito amor, sabiduría y delicadeza. Se hizo a la Virgen a su gusto, puesto que esta bendita mujer iba a ser su Madre. Se la hizo sin-pecado, bellísima sin par, la adornó con todas las virtudes y dones del Espíritu Santo en medida que supera nuestro entendimiento, le dio fuerza para sufrir proporcional al infinito amor que había en su Corazón. Le buscó un esposo virginal para poder conservar sin impedimento su virginidad y su “estatus” social de mujer honrada y felizmente madre casada. En una palabra, teniendo que tenerla tan cerca de Sí, se la hizo a su gusto, y derramó en este hacer todo su poder, sabiduría y amor de Dios y de Hijo.

Ahora permítame desviar la mira y fijarme en mí, sacerdote. Lo siguiente –y lo anterior– puede aplicarse a todos los cristianos, pero me parece cobra una claridad singular cuando se habla referido a un sacerdote.

Un día de esta Semana Santa pasada, echando una breve cuenta de la cantidad de confesiones que había oído durante toda la Cuaresma, y preparando la celebración del Jueves Santo, pensaba servidor cómo sin mérito mío me eligió el Señor, cómo siendo yo pecador quiso ponerme en este camino de santidad, y quién era yo pecador para perdonar pecados y celebrar la Santa Misa. Todos los sacerdotes experimentamos esa dulce y aliviadora sensación del ex opere operato. Es gracioso, permítaseme decirlo así, el pensamiento que nos viene cuando, tras una Misa distraído, una absolución sabiendo que uno tiene, cuanto menos, muchos pecados veniales, el sacerdote se dice: “Menos mal que esto no es ex opere operantis, porque si no…”. Qué maravilloso es Dios, qué sabiduría y que bondad esta de hacerse presente por medio del sacerdote. Y no por ser nosotros quien somos, sino por ser Él quien es, es por lo que encontramos confianza en nuestro ministerio.

Y concreto más la idea. No digo yo que sea como la Santísima Virgen, no, ni se me entienda esto. Digo que soy sacerdote. Y lo soy no por mí, sino por quien me eligió, sí, que fue Él el que lo hizo y no yo, (y esto es de fe revelada). Y ser sacerdote no es estar al lado del Señor, imitarlo, seguirlo… Ser sacerdote es ser alter Christus. Y si Dios bendito se hizo a la que iba a ser su Madre, la planeó, la creó, la santificó en el mismo instante de su Concepción, y se la llevó consigo al final de su vida terrena… ¿No iba a planearme a mí, cuidarme, y quererme santo santísimo, a mí que soy Él mismo por participación ministerial?

Pues que quieren que les diga, y con esto acabo, que este pensamiento me hace muy feliz. Saber que Jesucristo mi Señor me eligió desde toda la eternidad, y que sabiendo cuán pecador y maltrecho soy y estoy me quiere su sacerdote, me da mucho consuelo. Y por lo mismo, sé que muy infiel tengo que ser al Señor para que Él me deje. Es más, espero que por su misericordia ni mi infidelidad me aparte de Él nunca jamás. Y espero con firme esperanza que nunca me faltará esta esperanza. Y en ella me sostengo. Y aunque yo no sea asunto al cielo en cuerpo y alma como la Virgen Santísima, este cuerpo y esta alma donde reside el poder de mi amado, este tosco pincel que se ha elegido como poderosísimo instrumento, no creo lo tire a la basura, –que bien puede hacerlo, para eso me creó, redimió y suyo soy–, sino que lo llevará consigo al coro de los ordenados.

Por eso, queridos sacerdotes, seamos felices y estemos consolados. ¿No nos hizo Dios suyos? ¿No nos consagró y ungió con el santo crisma? ¿Acaso no sabía ya nuestros futuros pecados y miserias cuando previó hacernos sus ministros? Mal dueño sería de sus prendas, quien habiéndolas comprado a tan alto precio las dejara olvidadas…

Bendita María, glorioso San José, guardadme siempre fiel , ayudadme a ser santo, muy santo, como merece mi amado Jesús, Sumo y Eterno Sacerdote, cuyo ministrillo soy. Amén.

sábado, 16 de enero de 2010

Nuevas filtraciones sobre el Desayuno con Dios

Según revela la Oficina de información pública SITEL, la vicepresidenta del Gobierno, Srta. Fernández de la Vogue, acompañará a ZP a EEUU para el Desayuno con Dios. En su conversación telefónica con el Presidente, se trató de la conveniencia de que para hacer patente la solidaridad del pueblo español con Palestina e Irán, y con el fin de mostrar la apertura religiosa, respeto por las minorías no-católicas, y el gusto estético del Gobierno, la Srta. Vicepresidenta fuera vestida con un hermoso burka, que ya están confeccionando los modistos asesores de la Moncloa.

viernes, 15 de enero de 2010

Desayunando con Dios

En unas declaraciones para la prestigiosa revista “¡Qué me dices!”, ZP ha manifestado lo siguiente:

«El Sr. Obama ha pensado invitar a Dios a nuestro desayuno. Y yo, en muestra del talante que me adorna, no he tenido ningún inconveniente, más siendo el Sr. Presidente de nuestros amigos los EEUU el anfitrión. Solamente he puesto la condición de que, a fin de dar ejemplo, no se fumara, puesto que nuestra colaboración contra el calentamiento globlal ha de ser manifiesta ante el colectivo feminista, del cual soy miembra nata desde la fundación de la SGAY».

sábado, 9 de enero de 2010

Ser sacerdote es una maravilla

Lista de las cosas a las que uno "renuncia" (o mejor, "con las que uno hace trueque") cuando se hace sacerdote:

  1. Nunca puedo correr la San Silvestre, porque es a la hora de Misa.
  2. No puedo pedir la baja laboral, aunque esté con tos, mucus, y las tripas como las cataratas del Niágara.
  3. No puedo acostarme tarde los sábados ni levantarme tarde los domingos.
  4. No puedo dejar la cama sin hacer.
  5. No puedo ir "siempre" en vaqueros o con zapatillas de deporte.
  6. Tengo que afeitarme todos los días.
  7. Tengo que pasar mal rato cuando me persiguen para lo que sea porque soy cura.
  8. Evidentemente, tengo que ir vestido de cura, y no puedo disfrazarme de laico.
  9. No puedo decir tacos cuando veo el fútbol, las noticias, o me hacen una pirula en la carretera.
  10. Cuando relleno formularios, tengo que poner "otro" o "artista" u "organización caritativa" en el apartado "Profesión", porque no dan la opción de "Sacerdote".
  11. Lo mismo me pasa con "casado", "soltero", "divorciado", "otro", porque soy "célibe".
  12. No puedo insultar a la persona que me atiende por teléfono en las reclamaciones del móvil o del ADSL.
  13. Cuando me gustaría decir algo contra mi obispo, tengo que recordar que le prometí "obediencia y respeto". El "respeto" suele costar más que la "obediencia".
  14. No puedo irme a la cama sin haber terminado el rezo del Rosario y del Oficio Divino.
  15. No puedo cometer faltas de ortografía.
  16. Tengo que saber estar en dos sitios a la vez (por lo menos).
  17. No puedo echarme a llorar en los entierros, aunque tenga el corazón roto.
  18. Tengo que aguantar que me cuenten chistes volterianos y no partir la cara al gracioso de turno.

Ahora no se me ocurren más cosas, ni quiero perder más tiempo pensando… Pero lo leo y me digo: ¡Soy el cura más feliz del mundo! Si es que me quejo por tonterías, teniendo, como tengo, a la Virgen y al Señor, lo tengo todo.

domingo, 6 de septiembre de 2009

EpC a cara descubierta

Señor, ¿cuándo harás justicia de tus perseguidores? Ten piedad de nosotros y de nuestros hijos. Que no digan tus enemigos, "¡Les he podido!", ni se alegren los adversarios de tu fracaso. Si perdemos nosotros, perderás Tú. No permitas que se rían del Pueblo por el que derramaste la Sangre.

domingo, 16 de agosto de 2009

«El liberalismo es pecado», en el testamento de San Ezequiel Moreno

ESan Ezequiel Morenol día 19 de este mes es la fiesta del santo agustino Ezequiel Moreno. Español riojano de nacimiento, obispo de Pasto en Colombia por divina disposición. Entregó su alma al Corazón de Jesús el antedicho día del año 1906. Uno de los santos más “ocultados” por “políticamente incorrectos”, como ocurre con los papas Beato Pío IX y San Pío X. Dicho sea de paso, la fiesta de este último es el día 21, y aunque el Oficio Divino nos prescribe una bella lectura sobre las disposiciones litúrgicas de dicho papa, no está de más que, habiendo cumplido el clerical compromiso y ministerio de rezar dicha lección, nos deleitemos una vez más con la imprescindible y, como todo magisterio auténtico, plenamente vigente –valga también lo que dicen algunos buenos amigos, scl. “de rabiosa actualidad”- encíclica Pascendi. Procedamos, pues, con las palabras del Santo que nos ocupa:

«En el papel que queda adjunto con este, dejo unos apuntes que se pueden añadir a mis Instrucciones sobre la conducta que hay que observar con los liberales.

Confieso, una vez más, que el Liberalismo es pecado, enemigo fatal de la Iglesia y reinado de Jesucristo, y ruina de los pueblos y naciones; y queriendo enseñar esto, aun después de muerto, deseo que en el salón donde se exponga mi cadáver, y aun en el templo durante las exequias, se ponga a la vista de todos un cartel grande que diga: El Liberalismo es pecado.

Deseo y pido que me entierren con mi santo hábito religioso, como hijo de mi Gran Padre San Agustín, y que me sepulten en tierra en la capilla del Santísimo de la Catedral. En lo demás cúmplase lo que manda la Iglesia en el Pontifical sobre entierro del Obispo. En nada me puedo oponer a esa solemnidad, puesto que es ordenada por la Iglesia.

Pido perdón de mis faltas en el desempeño de mi cargo pastoral; primero, a Dios Nuestro Señor; segundo, a mi amado Clero; tercero, a todos los fieles del Obispado, y a cuantos haya ofendido en el curso de mi vida, o en algo les haya perjudicado de alguna manera, ya sea por comisión, ya por omisión. A todos suplico rueguen a Dios por mi pobre alma.»

«Concluyo diciendo que bajo al sepulcro con la gran pena de ver que se trata de descatolizar a Pasto, y de que bastantes de los que se llaman católicos tienen ya mucho de liberales, siendo éstos los que más contribuyen a que el error progrese, y llegando a tal ceguedad que no ven la luz de la verdad católica que condena ese modo de obrar. Pobres ciegos, conducen a otros ciegos, y todos van cayendo en los hondos abismos del error.

La Concordia, tal como se ha entendido y practicado hasta ahora, ha sido una espantosa calamidad para la fe de estos pueblos. Comprendí los daños que vendrían con la Concordia desde un principio, y por eso protesté contra ella en el día mismo en que los liberales la proclamaban aquí, en una hoja suelta que dieron meses antes de posesionarse el Gobierno actual. No es posible que lobos y ovejas anden revueltos, sin que las ovejas reciban algún daño, sin un milagro de primer orden. Y creo que uno de los venenos más activos y eficaces con que cuenta el infierno, es la mezcla de la verdad y del error, de lo bueno y de lo malo. Y este veneno es el que están tomando muchos, y dándole a tomar a otros, y van muriendo los que lo toman a la verdad y a la virtud, con daño indecible para el Catolicismo.

Yo he gritado contra ese mal, y aun he sufrido por gritar. No me arrepiento de haber gritado. Si en este punto tengo que arrepentirme, será el no haber gritado más.

La fe se va perdiendo; el liberalismo ha ganado lo indecible, y esta espantosa realidad proclama, con tristísima evidencia, el más completo fracaso de la pretendida concordia entre los que aman el altar y los que abominan el altar, entre católicos y liberales.

No cabe la tal concordia sin perjuicio del Catolicismo. Llegará pronto el tiempo en que desaparezca esta alianza aparente, y para vergüenza y castigo de los católicos que se han dejado engañar, no serán ellos los que lancen de sí a los liberales, sino que serán los liberales los que lancen a ellos.

Firmo todo lo que precede en Pasto, a seis de Octubre de mil novecientos cinco.

FR. EZEQUIEL, Obispo de Pasto.»

viernes, 7 de agosto de 2009

Elliot, pequeño milagrazo.

Podéis llorar, podéis reír, podéir rezar, podéis esperar... Dios es Dios, y yo su pequeña criatura.