lunes, 3 de octubre de 2011

Alegrías y ventajas de ser católico (Emmendatum et auctum)

He estado pensando muchas veces sobre este tema. Y no me refiero solamente a las ventajas “sobrenaturales”, que son infinitas, sino también y sobre todo a las “naturales”, aunque servidor, como buen católico, es tan amigo de la palabra “distinción” como enemigo –a una con la vera doctrina de la Iglesia– de la palabra “separación” en los ámbitos aplicables, claro está: gracia y naturaleza, Iglesia y Estado, cuerpo y alma, vida pública y privada, sacerdote y “hombre”, creer y obrar… Este tema merece mucho más abundamiento, así que voy al grano. Nos acusan a los católicos vivir inmersos en una marabunta de prohibiciones. Sin embargo, pienso en las prohibiciones y “manías” con que viven encadenados los perfidi judæi, moros, testigos de Jehová, mormones, cienciólogos y newageros, luteranos (el sensus católico me impele a vomitar al pensar en llamarles “evangélicos”, lo siento), ateos y agnósticos, brujos y brujas, etc… y siento la feliz y ancha libertad que da mi condición de católico. Buscando en otras páginas sobre este tema, sólo he encontrado tonterías o superficialidades. Esta entrada, si bien mica cum salis, pretende ser lo suficientemente seria para ayudar a pensar y a gozar con la maravillosa e inmerecida vocación a la que el Señor nos ha llamado: ser miembros de la Iglesia Católica, única verdadera, una, santa, católica, apostólica y perseguida, extra quam nulla salus.
Pido a mis sufridos lectores tengan a bien enmendar y/o ampliar esta lista con sus siempre bienvenidas aportaciones.
1. Los padres tienen derecho y obligación de engendrar a sus hijos en un acto manifestativo de su amor. Por tanto, no pecan al amarse, antes bien, se hacen santos si lo hacen santamente.
2. Concebir niños es un acto 100% bioecológico, o sea, nada artificial. Las semillas no pasan por ningún laboratorio.
3. No hace falta ser circuncidado. Así, bien enterito, se da mucha gloria a Dios.
4. Puedo celebrar los cumpleaños con fiestas, recibir regalos, y reverenciar y besar la bandera de España (o la correspondiente a mi nación) cuantas veces sea menester.
5. La Primera Comunión es un día inmensísimo en todos los sentidos. Y esto es así porque creemos en la Presencia real del Señor en las especies sacramentales.
6. El servicio militar es una cosa buena y santa. Matar en combate, si la cosa se tercia y es necesaria, deviene un acto de virtud.
7. El novio o novia sabe que siempre será el único para su respectivo. Una vez contraído santo matrimonio, en su lecho, mesa, y familia, las maravillosas palabras “marido”, “mujer”, “mamá” y “papá” siempre son y serán nombrados en singular.
8. Desde niño puedo comer bocatas de chorizo o jamón. Puedo ir con mis amigos y familia a hacer una parrillada de torreznos, panceta y salchichas. El único límite para comer cerdo y cuadrúpedos es el cuidado del nivel de colesterol, a lo cual colabora sabiamente la siempre deseable abstinencia de los viernes (y miércoles de ceniza).
9. Por si me equivoco en las cosas que he de creer u obrar, tengo un maravilloso libro llamado Catecismo, y si soy aficionado y algo espabilado, otro conocido como Denzinger. Ambos libros tienen una fuente: Dios, que ha delegado su poder y voz en la persona del Papa y los obispos a él unidos y sometidos. Así puedo caminar siempre en la verdad, como el punto de apoyo en el que puedo construir toda mi vida.
10. Cuando ofendo al Señor, el sacerdote me perdona en nombre de Dios. Esto lo hace gratis, y puedo ir cuantas veces haya menester, supuesto mi arrepentimiento y propósito de enmienda. Del mismo modo, puedo recibir a Jesús Sacramentado y no esperar a ir al Cielo para estar –verdadera, real y sustancialmente– muy cerca de Él.
11. Sé que tengo a los santos, y en especial a la Reina del Cielo y su Esposo, el Glorioso Patriarca José, para que pidan e intercedan ante el Señor por mí. Esto lo hacen incluso cuando yo estoy dormido. Está muy bien esto de tener amigos tan importantes…
12. Puedo tener fotos, imágenes, retratos… de las personas a las que amo, incluidas los santos, y besarlas, poner velas y flores… y saber firmemente que no estoy siendo en absoluto idólatra, porque no amo ni hablo a la materia con que están hechas dichas representaciones, sino a las personas por ellas representadas. Esto es un gran consuelo y desahogo. (Por eso siempre llevo conmigo la foto de mi santa madre en la cartera).
13. Los sacerdotes vamos vestidos como tales, y como tales somos reconocibles y reconocidos. No perdemos tiempo en pensar qué hemos de vestirnos. El traje clerical es una gran defensa contra el Enemigo, y también y muchas veces contra las multas de tráfico. También nos hace amigos cuasi-naturales de otros Cuerpos uniformados, como la Benemérita, los Nacionales o los Carteros.
14. Los maridos pueden dar la mano a las señoras y viceversa, y esto no significa que esté intentando robar el cariño debido a su cónyuge.
15. No ponderaremos aquí las ventajas del Santo Celibato, pero digamos que son casi infinitas.
16. Cuando uno se muere, las Misas y oraciones le sirven para entrar al cielo. Gracias a Dios, todo católico sabe que los minutos de silencio están para rezar. Además, uno muere fortalecido por la esperanza del cielo, y con el consuelo de que va a ser enterrado como un católico, no como un perro.
17. El católico nunca pierde el tiempo. Si no tiene nada que hacer, o por ejemplo está esperando una cola, siempre puede rezar el Santo Rosario. Si no ha con qué contar las Avemarías, Dios Creador previó este hecho y proveyó de diez dedos las manos humanas.
18. Todo niño concebido puede tener la seguridad de que, salvo los inescrutables planes del Creador, será dado a luz vivo y defendido de cualquier amenaza desde su concepción. Lo mismo dígase de los ancianos e incapacitados, cuyas vidas serán firme y fidelísimamente custodiadas hasta su muerte natural.
19. Los límites del vino y el tabaco son la salud y el bolsillo, nada más.
20. Siempre que no haya crueldad “gratuita”, el hombre puede servirse de los animales para su sustento, gozo y disfrute, incluida la noble y caballeresca batalla entre toro y diestro.
21. Uno puede donar la sangre que le sobra para poder salvar las vidas de los demás. En esto también se refleja la Pasión del Señor, cuya Sangre preciosísima fue el precio de nuestra salud.
22. Los domingos se puede encender la luz, ir en coche, hacer deporte, y en fin, todo lo que no suponga trabajo servil ni se oponga a la caridad, que está por encima de todo.
23. Besar la mano a un sacerdote no significa un acto de cortesía hacia una damisela, sino el ejercicio de la virtud de la religión ante la presencia de Jesucristo en el sacerdote u obispo.
24. Se puede compartir conversación y hasta mesa con un pecador y/o un enemigo de la fe sin colgarle del cuello o de otra parte corporal, exceptuando los casos en que el susodicho hable contra los dogmas de nuestra Santa Fe, en especial la Virginidad de la Madre de Dios, o contra la Santa Iglesia, en particular contra el Santo Padre, o desprecie a la madre de uno. En cualquiera de estos tres casos, la violencia está permitida y puede llegar ser obligatoria.
25. Se deben alabar las Cruzadas, habida cuenta de que la fe vale infinitamente más que la vida propia o ajena, y válido es morir o matar por defender los bienes espirituales o conexos con éstos, y la integridad de doctrina.
26. Según la feliz sentencia de Santo Tomás de Aquino, "en el caso de que amenazare un peligro para la fe, los superiores deberían ser reprendidos incluso públicamente por sus súbditos", (II-IIæ, q. 33, a. 4, ad 2).
27. Si un católico va a China, Irlanda, Turquía, Alaska, Islas Feroe, Hawai, Cerdeña, Lérida, La Coruña, Londres, etc... siempre, y con una gran pizca de suerte, puede asistir devotamente a la Santa Misa y demás ritos católicos en un lenguaje universal: el latín, cuyo conocimiento está prescrito por la Ley Canónica para todo clérigo. (Para más abundamiento, he aquí el canon prescrito en 1983, o sea, plenamente postconciliar, por si acaso: "249: Ha de proveerse en el Plan de formación sacerdotal a que los alumnos, no sólo sean instruidos cuidadosamente en su lengua propia, sino a que dominen la lengua latina, y adquieran también aquel conocimiento conveniente de otros idiomas que resulte necesario o útil para su formación o para el ministerio pastoral").

viernes, 2 de septiembre de 2011

Sobre la Hermandad Sacerdotal de San Pío X

Hace mucho que no escribía ninguna entrada en mi blog… y esto por muchas razones con las que no voy a importunar ni aburrir al sufrido lector. Y esta entrada la escribo lleno de pena e indignación.

Uno reza por la unidad en la Iglesia, por la vuelta de los “hijos separados” (no entiendo porqué las otras confesiones cristianas son “hermanas”, cuando han nacido en la Santa Madre Iglesia Católica y de ella se han separado… Si les parece bien, llamemos “hermanas” a las que mantienen la sucesión apostólica, aunque no ande muy convencido de hacerlo…).

El caso es que servidor de Cristo y de ustedes está suscrito a varias listas de correo “selectas” –tengo un implacable detector de correo spam que hace mis delicias-, y entre ellas está la de la revista “La Porte Latine”, un boletín informativo de la Hermandad Sacerdotal de San Pío X. En el que hoy me acaba de llegar hacen una reflexión sobre la validez de los matrimonios celebrados por ellos, en la que intentan dar luz, y por supuesto, acaban diciendo que son validísimos. Esta aclaración de LPL me saca de dudas en muchas cosas. Yo tenía mis quebrantos y titubeos sobre la validez de los sacramentos de la Penitencia, Matrimonio y Confirmación celebrados por los miembros de esa Hermandad, puesto que para la validez se precisa la "jurisdicción" de que ellos carecen (si quieren, otro día insertaré los cánones pertinentes). Pues bien, he aquí la respuesta: soy un hereje y pongo en peligro a los fieles que conmigo se casan, asisten a Misa o se confiesan conmigo, o son confirmados por quien tiene potestad y jurisdicción para ello, y como yo el 99,999...% de los sacerdotes, o sea, los que no somos de la FSSPX, Santo Padre incluido... Por este camino, sólo puedo dolorosamente esperar y casi desear que el próximo día 14 de septiembre el Santo Padre le dé una patada a Fellay...

"a. Il y a, dans l'Église, des prêtres et des évêques ayant juridiction, sur à peu près toute la planète, mais leur présence au mariage de catholiques de Tradition implique, dans l'immense majorité des cas, un grave dommage moral pour les fiancés. En effet, ces prêtres…
- presque toujours attachent au mariage la célébration d'une messe Paul VI gravement dangereuse pour la foi et responsable de la perte du sens catholique chez un très grand nombre d'âmes ;
- presque toujours, dans leur prédication au moment du mariage et dans la préparation, enseignent la conception du mariage que promeut le code canonique de 1983 et qui a été dénoncée par Pie XII comme une erreur formelle et grave (5) ;
- presque toujours, dans la préparation du mariage et dans leur pastorale, recommandent la régulation naturelle des naissances d'une façon systématique qui contredit les prescriptions de Pie XII et de la morale traditionnelle (6) ;
- parfois même bénissent l'union libre, le « mariage à l'essai (7) », la pratique de la pilule contraceptive, les divorcés remariés (8) et distribuent la communion aux concubins ;
- toujours (9) adoptent à l'égard des graves erreurs diffusées depuis Vatican II une attitude répréhensible, soit qu'ils les diffusent volontiers (clergé ouvertement conciliaire), soit qu'ils se taisent à leur égard, approuvant ainsi plus ou moins implicitement le tour moderne donné au gouvernement de l'Église par les prélats et ses conséquences pour le salut des âmes (clergé d'apparence traditionnelle et approuvé officiellement)".

Al final va a ocurrir que lo único que funciona es ciertamente menos diálogo –con protestantes, ortodoxos, y –(sí, ya sé que no es lo mismo, pero protestantes y ortodoxos tampoco lo son…)- la FSSPX- y esperar a que la Virgen Santísima haga el milagro… Pues recemos por ello.

martes, 12 de abril de 2011

Lectura del corazón

Hoy he aprendido en silencio
a interpretar mis latidos:
éste dice que te ama,
éste que jamás te olvido.
Por eso, cuando estás cerca,
se me acelera su ritmo…
Porque desea que sepas
que con sangre escribe un libro:
“Te amo, te amo, te amo,
te amo por siempre, Cristo”.

martes, 9 de noviembre de 2010

Condena de proposiciones contrarias al intelectualismo escolástico. Un documento magisterial olvidado.

Olvidado, sí, incluso por el Peter Hünermann, último compilador del Denzinger, que al paso de las ediciones ha ido, como muchos hemos podido comprobar, omitiendo o sesgando lo que a juicio del autor “dejaba de ser” magisterio o de tener “actualidad”. Difícilmente podrá sostenerse la validez de estas omisiones –ya gravísimas en la edición preparada por Schönmetzer–, dado que precisamente el fin del citado libro no es el de ofrecer el magisterio que en la actualidad enseña la Iglesia, sino ser una compilación lo más completa posible de la enseñanza y expresión de la fe que la Iglesia ha impartido a lo largo de los siglos desde sus inicios, sea de modo ordinario, sea de modo extraordinario.

Hecha esta introducción, por otra parte innecesaria a muchos de los lectores de este blog, centrémonos en el documento que nos ocupa.

El 27 de enero de 1925 se celebró en la “Semaine religieuse de Quimper”. Allí, bajo el título de «Proposiciones condenadas» se expuso el comunicado siguiente:

«Sobre una solicitud que le había sido enviada por un escritor de otra diócesis, el Sr. Obispo presentó al examen del Santo Oficio ciertas proposiciones concernientes a la filosofía, la apologética y la teología, sin señalar sin embargo a la censura las obras donde pudieran contenerse, buscando centrarse en las doctrinas más que en las personas. Su Excelencia (Mons. Duparc) ha recibido de Roma la siguiente respuesta».

El Cardenal Rafael Merry del Val envió al Mons. Duparc, obispo de Quimper (diócesis situada al extremo occidental de Francia) el escrito que trataremos de traducir al español castellano de la manera más fiel posible (Original publicado por Documentation Catholique, 1925, I, co. 991ss.).

«Roma, 1º de diciembre de 1924

Ilustrísimo y Reverendísimo Señor,

En la asamblea plenaria de la Suprema Congregación del Santo Oficio, celebrada el miércoles día 19 del mes pasado, se propusieron y fueron minuciosamente examinadas las proposiciones siguientes, denunciadas por Su Excelencia:

I. Los conceptos o ideas abstractas no pueden en modo alguno constituir por sí mismas una imagen recta y fiel de la realidad, sino solamente parcial.

II. Tampoco los razonamientos construidos con ellas pueden por sí mismos conducirnos al verdadero conocimiento de la misma realidad.

III. Ninguna proposición abstracta puede ser considerada como inmutablemente verdadera.

IV. En la búsqueda de la verdad, el acto del entendimiento, considerado en sí mismo, está desprovisto de cualquier virtud aprehensiva especial, y no es instrumento propio y único de su búsqueda, sino que tiene validez solamente en el conjunto de toda la actividad humana, de la que es una parte y momento, y a la cual solamente compete buscar la verdad y poseerla.

V. Por lo cual la verdad no se encuentra en ningún acto particular del entendimiento, en el cual habría «conformidad con el objeto», como dicen los escolásticos, sino que la verdad está siempre in fieri (en devenir, formándose), y consiste en la adecuación progresiva entre el entendimiento y la vida, es decir, en cierto movimiento perpetuo por el que el entendimiento intenta desarrollar y explicar lo que nace de la experiencia o exige la acción, de modo, por tanto, que en todo su perfeccionamiento no puede nunca darse nada determinado y definitivo.

VI. Los argumentos lógicos, tanto de la existencia de Dios, como de la credibilidad de la religión cristiana, carecen por sí mismos de todo valor “objetivo”: es decir, por sí mismos nada demuestran en el orden real.

VII. No podemos llegar a ninguna verdad propiamente dicha sin admitir la existencia de Dios y la Revelación.

VIII. El valor que pueden tener argumentos semejantes no proviene de su evidencia o fuerza dialéctica, sino de las exigencias «subjetivas» de la vida o de la acción, que para desarrollarse recta y coherentemente, necesitan de estas verdades.

IX. Aquella apologética que procede «ab extrinseco», es decir, la que asciende mediante el raciocinio desde el conocimiento natural de los hechos históricos relatados en las Sagradas Escrituras, principalmente en el Evangelio, para establecer el carácter sobrenatural y divino de esos mismos hechos, de tal modo que concluya que Dios es el autor de la Revelación a la que apoyan, es endeble y pueril, y no responde a las legítimas exigencias actuales de la mente humana.

X. El milagro considerado exclusivamente en sí mismo, a saber, en cuanto es un hecho sensible que sólo puede atribuirse al poder divino, dejando aparte tanto su significación simbólica como las exigencias subjetivas del hombre, no aporta un argumento sólido de la Revelación.

XI. La praxis religiosa legítima no es fruto de la certeza que el hombre tiene de la verdad, sino por el contrario, el único modo de obtener certeza de esta verdad.

XII. Incluso después de tener fe, el hombre no debe permanecer estancado en los dogmas de la religión, y adherirse a ellos fija e inconmoviblemente, sino más bien perseverar en alcanzar una verdad ulterior, desarrollando nuevos sentidos e incluso corrigiendo lo que cree.

Los Eminentísimos y Reverendísimos Señores Cardenales que juntamente conmigo son Inquisidores Generales, tras pedir consejo a los Señores Consultores, en su respuesta decretaron:

Que las proposiciones presentadas, tal cual son enunciadas, ya fueron en su conjunto proscritas y condenadas por el Concilio Vaticano y la Santa Sede, o bien conducen a las mismas proposiciones ya proscritas y condenadas.

Comunicando esto a Su Excelencia en cumplimiento de mi cargo, suplico al Señor todo lo mejor y más feliz.

R. Card. Merry del Val».

Hasta aquí el documento magisterial. Recordamos bien cómo San Pío X, tomando pie de los cánones enunciados en el Concilio Vaticano I, formula la fórmula del juramento antimodernista, obligatorio para cuantos en la Iglesia tenían la misión de enseñar, sea en cátedras, sea en púlpitos. Así, el Concilio (Dz. 1806) disponía que «Si alguno dijere que Dios vivo y verdadero, creador y señor nuestro, no puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón humana por medio de las cosas que han sido hechas, sea anatema». Más tarde, el juramento antimodernista (Dz. 2145) mandaba profesar «que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser ciertamente conocido y, por tanto, también demostrado, como la causa por sus efectos, por la luz natural de la razón mediante las cosas que han sido hechas [cf. Rom. 1, 20], es decir, por las obras visibles de la creación».

A nadie se le escapa la precisión añadida por el santo Papa: “y, por tanto, también demostrado”. Es esta una piedra de toque fundamental para reconocer si un filósofo o teólogo han sido envenenados por el modernismo o no. No faltan quienes tildan de ingenuo y mal aconsejado a San Pío X, diciendo que manda profesar algo que sería, dicen ellos, en sí mismo imposible: la demostración de la existencia de Dios. Huelga decir que estos mismos consideran igualmente superado cualquier razonamiento basado en las cinco vías de Santo Tomás, despreciándolas como hijas de una concepción infantil de la física y metafísica que hoy se suponen descartadas ante los nuevos avances de la física molecular y atómica.

Muy al contrario, San Pío X sabía muy bien qué enseñaba y mandaba enseñar. El famoso atque demonstrari ya había sido objeto de consideración en el Vaticano I. La Congregación General 39ª, celebrada el 1 de abril de 1870 (Mansi, vol. 51, col. 261 D ss.), describen lo siguiente:

En las enmiendas presentadas por los padres conciliares al segundo capítulo del esquema sobre la fe católica, la enmienda séptima, dice así:

«”1. La misma Santa Madre Iglesia sostiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede, con la luz natural de la razón humana, es decir, por argumentos metafísicos, cosmológicos y morales, ser conocido con certeza y demostrado”. – O simplemente, “Puede con la luz natural de la razón humana, ser conocido con certeza y demostrado”».

La respuesta de la Deputatio fidei, fue la siguiente (Ibid., col. 276 AB):

«…Otra enmienda referida a la segunda parte dice: por la luz de la razón natural puede ser conocido con certeza y demostrado, peca por defecto y por exceso. Por defecto, porque no se indican los medios naturales por los que el hombre puede conocer naturalmente a Dios; y por exceso, poruqe no sólo dice que Dios pueda ser conocido con certeza por la luz de la razón natural, sino también que esta existencia de Dios puede ser probada o demostrada, siendo así que conocer con certeza y demostrar es una y la misma cosa, aunque la Diputación de la fe determinó elegir la expresión más suave y no ésta más fuerte».

Aquí estriba la centralidad del argumento: «certo cognoscere et demonstrare sit unum idemque».

La concepción evolucionista o dialéctica de la verdad, o el querer “forzar” la realidad a mi querer y entender, es lo que hace que desaparezca todo entendimiento objetivo, pues las esencias quedarían a merced de mi razón, de mi voluntad, o de cierta “violencia” de contradicción al modo hegeliano. Lo mismo ocurre en el orden moral y, por supuesto, en el orden teológico. Kant defiende que si se pregunta a un hombre virtuoso por qué cree en la inmortalidad del alma y en la existencia de Dios, éste respondería: “porque yo quiero que así sea, porque tengo necesidad de ello y me interesa” (Kant, Crítica de la razón práctica, P. U. F. 1943, pág. 153, en Verneaux, R., Crítica de la “Crítica de la razón pura”, Rialp 1978, pág. 259).

La realidad de las esencias existentes independientemente del conocimiento humano y que por éste son intencionalmente aprehendidas, es un punto de partida imprescindible. Por eso, los razonamientos hechos partiendo de los entes aprehendidos tienen su paralelismo fuera de la mente humana. De aquí que si un razonamiento está bien construido, es infalible, y dadas todas las premisas, su conclusión irrefutable. La evolución de las ciencias, sean de la rama que sean, provienen de construir verdades sobre verdades. Y el orden racional vale lo mismo para la moral, física, política, filosofía, teología… en todas ellas la verdad es la realidad de las cosas.

lunes, 18 de octubre de 2010

Déjame que te sueñe. (A mis dos madres, la de la tierra y la del Cielo)

Déjame que te sueñe,
que por la noche dormir no puedo.
Entra en mi alma, ven y posee
cada latido, cada momento.
Que si no puedo tenerte cerca
déjame al menos tenerte dentro...
Por unas horas gozar contigo,
de par en par abrir mi pecho
para mostrarte cómo te amo
y cómo sufro si no te tengo...
Dame unas horas para soñarte,
que nada estorbe mi pensamiento.
No te me vayas jamás, mi vida,
que sueño en vela que estoy dormido
y velo en sueños cuando te sueño...

miércoles, 22 de septiembre de 2010

¿De qué estás hecha, mujer? (A las mujeres de mi vida: mi Madre del Cielo y mi madre de la tierra)

Dime de qué estás hecha,
mujer toda de carne y fuego.
Tan dulce en tanta amargura,
tan sensible, mujer de acero,
tan sufrida, y sin embargo
sólo sabes dar consuelo.
¿Cómo todo lo soportas,
si en verdad eres de carne?
Si eres más fuerte que el hierro,
¿por qué me es tan dulce amarte?
Si abrasas al mismo fuego,
¿cómo ardes sin quemarte?
Corazón de fuego que ama sin medida,
cuerpo de hierro que todo tolera.
Agua que lava heridas,
luz que alumbra mis tinieblas,
vida que me das vida,
tierra firme en la tormenta.
Capitana de mi vida,
vives sin miedo a la muerte,
y amarrado a tu persona,
no tengo miedo a perderme.
Porque te ocultas en todo
y lo eres todo a la vez,
resuélveme este misterio:
¿de qué estás hecha, mujer?

domingo, 12 de septiembre de 2010

Lo que queda después de un beso

Tras este título tan “romántico” se esconde lo que quisiera comunicar con esta cuasi-poesía. A todos los consagrados de rito latino se nos ha concedido el inmenso don del celibato, del cual somos depositarios y custodios como de un inefable tesoro encomendado por el Espíritu Santo. Es difícil expresar cómo es el amor de un consagrado hacia el Señor, su Esposo, y viceversa. Un amor que incluye el propio cuerpo, pero omite hasta la sombra de cualquier expresión o pensamiento carnal. Yo quisiera hoy dar una pequeña luz, un sencillo aspecto de este puro amor entre el Amado y la amada, la amada y el Amado. Se me ocurrió compararlo con el amor que queda después de un beso. Pensad en un beso puro, enamorado, como el que nuestras madres nos pueden haber dado. Ahora quitad el beso y quedaos con el “después”. Pues bien, como ese amor infinito, perdurable, pero casi totalmente distinto, es el que hay entre mi Señor Jesucristo y el alma. Las palabras se quedan cortas, por eso ahí va la poesía…

Cuando te vas nunca te alejas,
siempre te quedas conmigo,
y aunque ya no estás en carne y hueso
dejaste marcada tu huella en mi destino.
Todo me recuerda tu presencia,
y si tus labios ya no están sobre los míos,
perdura en mi abierto y herido pecho
el amor que canta su fuerte latido.
No está la llama, pero sí el calor ardiente,
mi flor se ha ido dejando su fresco perfume,
me queda todo, me quedas toda,
que conmigo por siempre permanece
la dulzura que dejan tus caricias,
la alegría que resuena en tus canciones,
la hermosura que grabó en mí tu figura,
la ternura de tus palabras,
la fragancia de tu cuerpo,
el recuerdo de tantas emociones…
Por eso nunca te pierdo, y es menos
lo que de menos te echo,
porque siempre está conmigo
lo que queda después de tu beso.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Carta de San Pedro Claver, o cómo ser un misionero cabal (Es la segunda lectura del Oficio divino de su fiesta, el 9 de septiembre).

De las cartas de San Pedro Claver, presbítero.

(Epist. diei 31 maii 1627 ad Superiorem suum data; Edit (in lingua hispanica) A. Valtierra, S.L., San Pedro Claver, Cartagena, 1964, pp. 140-141)

ENVIADO PARA DAR LA BUENA NOTICIA A LOS QUE SUFREN, PARA VENDAR LOS CORAZONES DESGARRADOS, PARA PROCLAMAR LA AMNISTÍA A LOS CAUTIVOS.

Ayer, 30 de mayo de este año de 1627, día de la Santísima Trinidad, saltó en tierra un grandísimo navío de negros de los Ríos. Fuimos allí cargados con dos espuertas de naranjas, limones, bizcochuelos y otras cosas. Entramos en sus casas, que parecía otra Guinea. Fuimos rompiendo por medio de la mucha gente hasta llegar a los enfermos, de que había una gran manada echados en el suelo muy húmedo y anegadizo, por lo cual estaba terraplenado de agudos pedazos de tejas y ladrillos, y esta era su cama, con estar en carnes sin un hilo de ropa.

Echamos manteos fuera y fuimos a traer de otra bodega tablas, y entablamos aquel lugar, y trajimos en brazos los muy enfermos, rompiendo por los demás. Juntamos los enfermos en dos ruedas; la una tomó mi compañero con el intérprete, apartados de la otra que yo tomé. Entre ellos había dos muriéndose, ya fríos y sin pulso. Tomamos una teja de brasas y puesta en medio de la rueda junto a los que estaban muriendo, y sacando varios olores de que llevábamos dos bolsas llenas, que se gastaron en esta ocasión y dímosles un sahumerio, poniéndole encima de ellos nuestros manteos, que otra cosa ni la tienen encima, ni hay que perder el tiempo en pedirles a los amos, cobraron calor y nuevos espíritus vitales, el rostro muy alegre, los ojos abiertos y mirándonos.

De esta manera les estuvimos hablando, no con lengua sino con manos y obras, que, como vienen tan persuadidos de que los traen para comerlos, hablarles de otra manera fue con provecho. Asentámonos después o arrodillámonos junto a ellos, y les lavamos los rostros y vientres con vino, y alegrándolos y acariciando mi compañero a los suyos y yo a los míos, les comenzamos a poner delante cuantos motivos naturales hay para alegrar un enfermo.

Hecho esto, entramos en el catecismo del santo bautismo y sus grandiosos efectos en el cuerpo y en el alma, y hechos capaces de ello y respondiéndonos a las preguntas hechas sobre lo enseñado, pasamos al catecismo grande: Uno, remunerador, castigador, etc. Luego les pedimos afectos de dolor, aborrecimiento de sus pecados, etc. Estando ya capaces, les declaramos los misterios de la Santísima Trinidad, Encarnación y Pasión, y poniéndoles delante una imagen de Cristo Señor Nuestro en la Cruz, que se levanta de una pila bautismal y de sus sacratísimas llagas caen en ella arroyos de sangre, les rezamos, en su lengua, el acto de contrición.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Miedo sin ti (A la Inmaculada)

Tengo miedo de dejarte,
de olvidar tu pensamiento,
de escribir tu nombre en agua,
lanzar palabras al viento…
Tengo miedo de no amarte,
de perderte en un momento,
tengo miedo de ofenderte,
de que pase sin ti el tiempo…
Por eso, para que nada
haga sombra a tu recuerdo
grabaré a fuego en mi alma:
«¡Amada mía, te quiero!»
Vengan tormentas si quieren,
vengan sus rayos y truenos,
contra mi luchen demonios
que a nada ni nadie temo.
Que saber que tú me amas
basta para mi sustento.
Ya no me interesa nada
si a mi lado yo te tengo.

domingo, 29 de agosto de 2010

Marca de madre. A mi mamá y a todas las mamás del universo.

Marca de madre, a fuego lento impresa en cada momento.
Sin doblez, sin copia, sin par y sin modelo.
Pones tu sello en todo, inconfundible y recio,
suave como las caricias que deslizabas en mi pelo,
dulce como tus flanes, fresco como tus besos.
Marca de madre, que estallas en mil luceros:
los de las noches frías, los del dolor incierto,
los de las pesadillas y de los justos suspensos:
que basta una mirada tuya para deshacer el hielo,
para matar los monstruos que acechan mi dulce sueño,
para calmar la pena y despertar el talento.
Marca de madre mía, señal grabada en todo lo bueno.
Noches en vela para cuidarme, -más que hijo tuyo era tu dueño-,
tortilla de patatas, zurcido perfecto,
sábanas recién puestas para caerme muerto
tras el baño caliente y el colacao bien lleno.
Todo lo haces para quererme, ¡y yo qué poco, mamá, te quiero!
Marca de madre mía, ¡con cuánto gusto te llevo dentro!